Cirugía de Ojos. Cirugia láser ocular.
Adictos a la cirugía plástica...
Como no hay Barbie sin su Ken, apareció un chico que también sueña con ser perfecto. Se trata de Miles Kendall, quien para parecerse a este personaje se puso los ojos de Tom Cruise, los labios de George Clooney y la barbilla deRussell Crowe. Además, se hizo un lifting, una lipoescultura, una elevación de la frente y se operó la nariz. Desde su página, Kendall cuenta: “Como miles de personas fui a la página web de Cindy Jackson y en enero 2001 compré una copia de su libro ‘Cindy Jackson's Image and Cosmetic Surgery Secrets'. De a poco me di cuenta que tendría un enorme impacto en mi vida. Ahora gané no sólo un objeto de valor dentro de la información sobre el mundo de la cirugía cosmética sino que me hice de una gran amiga. El conocimiento de Cindy es directamente instrumental en mi makeover extremo”.
Según su autobiografía, la ambición de Miles Kendall era ser rico y exitoso. Después de 14 años dedicándose a la danza buscó otro camino y a los 32 llegó a ser un reconocido diseñador de páginas web. Sin embargo, quiso más. Y esta vez fue radical: así se transformó en el primer hombre, según sus palabras, en realizarse un makeover extremo con cirugía y contárselo al mundo a modo de hazaña concretando su anhelo de fama.
¿Qué motivos conducen a estas personas a recurrir con tanta asiduidad a la cirugía estética? El caso de Cindy sigue generando estupor en el mundo.
Según los expertos, cuando las personas se sienten excesivamente atraídas por los cambios que consigue la cirugía estética y este comportamiento se torna obsesivo se convierte en una patología psiquiátrica.
El problema no es tan inusual. La cirugía estética ya no es terreno exclusivo de modelos y actrices y las operaciones para mejorar la figura, aumentar los senos o achatar la nariz se están convirtiendo en una práctica cada vez más habitual. De hecho los varones se animan cada vez más a pasar por el quirófano por motivos estéticos. El ranking mundial elaborado por la Isaps dice que el 18,69% de los varones recurre, a operaciones estéticas (la delantera la lleva Hong Kong con el 35% de los casos).
Una de las patologías tras este culto por la imagen es la dismorfofobia, que consiste en el rechazo a una parte del cuerpo que se percibe fea, inadecuada. Esta patología es una psicosis y hay que tratarla como tal.
Otro tipo de adicción al quirófano surge no por enfermedad mental, sino por un modo inapropiado de considerar al cuerpo. La apariencia se constituye como el centro de la vida, se establece una relación de idolatría y el objetivo principal del sujeto es conseguir la plenitud, la belleza, la perfección.
Las enfermedades de este tipo aparecen, en principio, por la influencia de la presión cultural que ensalza el físico, pero para que se produzca el problema ha de existir una predisposición: personalidades inmaduras, con tendencia neurótica.
El tema es que por más cambios que se hagan, nunca estarán conformes o, en el otro extremo, no alcanzarán la felicidad que supuestamente conlleva ser bello y admirado.
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