Hay más de una generación que creció con el cantautor Joan Manuel Serrat: la que ha marchado paralelo a sus años, la que vino después y la que conforman los hijos de ésta, que por alguna razón han quedado atrapados en la magia de sus canciones-poemas.

Y ahora que recorre el sur de América, con una parada en estos días en la geografía Argentina, en este incipiente verano austral que caldea pegajoso a Buenos Aires, la atención ha querido centrarse en su superado padecimiento de cáncer en la vejiga que, en octubre del año pasado, lo llevó directo al quirófano.

No quiere Joan Manuel Serrat hacer de su superado padecimiento un elemento perpetuo en esta gira, aunque la curiosidad periodística lo torna inevitable, lo cual beneficia en algún modo por el optimismo que cultiva.

Bromista, a sus 61 años quiere aprovechar el tiempo, porque sabe de la imposibilidad de rescatar el ya perdido y verse en los ojos emocionados de las nietas de "Señora", porque la hija posiblemente ya no está para los trotes de hace cuatro décadas. "Dejé de cantar esta canción hace muchos años, cuando dejé de ser protagonista de la historia", reconoce con humor.

El intérprete de "No hago otra cosa que pensar en ti" ha confesado a los periodistas que a raíz del diagnóstico de su enfermedad se metió en todo lo relacionado con el desarrollo, los tratamientos, la operación y recuperación, en un proceso en el cual pensó que "nada se había modificado en mi vida".

Ahora, en este regreso sólido, cuando lleva en su voz un manojo de canciones que suenan a antología, Joan Manuel Serrat reconoce que "mi vida es otra", contrario a lo que sostuvo cuando apareció por primera vez en público transcurridos quince días de la delicada cirugía a que fuera sometido.

"A medida que va discurriendo el tiempo se aclaran ciertos conceptos", ha dicho en su encuentro con los reporteros. "Y de la misma manera que pensaba que hubiera sido un dolor inútil haber pasado todo esto sin sacar consecuencias de ello, ahora me doy cuenta de que las consecuencias están surgiendo mucho después".

El cantautor catalán ha admitido que cuando "dije que me sentía igual que antes fue mentira, mi vida es otra, pero tampoco pienso dramatizar esto" porque no desea que haya una sensibilidad especial en el público, no quiere que le vean como un pobre enfermo recuperado.

Tiene el cantor "cierta ansiedad por contar las cosas que quedan por contar", sin que necesariamente atribuya esa situación al "incidente", como llama a la enfermedad que le aquejó, pues después de los 40 años no hay conciencia "de la sensatez del paso del tiempo, de la conciencia de que ese tiempo no se recupera y uno tiene necesidad de aprovecharlo con los amigos".

De ahí que insista en que "no me voy a jubilar" a pesar de los discos que en su honor se han hecho, como el lanzado en Cuba condimentado del sabor caribeño con la participación de Silvio Rodríguez, Omara Portuondo, Chucho Valdés, Pablo Milanés, Ibrahim Ferrer y Pío Leyba, entre otros.

"Me siento muy agradecido. Me encanta que me demuestren que me quieren. Pero les aclaro que con tantos homenajes no piensen en retirarme", ha establecido.

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