Ahora, su fortaleza física y espiritual se la transmite a sus familiares, quienes nuevamente están pasando por el mismo sufrimiento, porque su sobrino Abel Enrique Carlo Reyes, de 17 años, se encuentra en igual estado de gravedad, tal como le sucedió al modelo hace cuatro meses.

La condición grave de su pariente logra que el artista se sienta reflejado en un espejo, porque está viviendo estar conectado a las máquinas, la pérdida de peso y cómo su cuerpo se hincha, lo que él mismo sufrió hace unos meses.

El propio modelo fue quien llamó a la ambulancia para rescatar a su sobrino cuando transitaba por el área del accidente.

Estas experiencias, dijo, dejaron atrás al Peter que con el más mínimo roce le "caía encima a cualquiera", al que vivía de prisa y únicamente pensaba en "parisear".

Esa vivencia del accidente, le hizo pensar en la muerte. "Me dicen que lo único que decía en la ambulancia era que no me dejaran morir. Fue horrible, no podía respirar y sentía que me estaba esgarrando por dentro. Tuve miedo. Fue horrible abrir los ojos, y no saber que ya habían pasado 22 días después del accidente", recordó el ex merenguero, a quien la gente se le acerca con frecuencia para regalarle muestras de cariño.

Pedro Orta, nombre real, culminó sus terapias, pero todavía tiene pendiente una cirugía estética para borrar el injerto de piel, de una de sus piernas, que tiene en la barriga.

"En diciembre tengo cita para saber cuándo me hago la reconstrucción para luego ponerme como antes y lanzar mi disco", comentó, quien una vez esté en óptimas condiciones se dedicará a su álbum de reggaetón.

–Estar en una tarima bailando merengue era un sueño y se me dio. A mí siempre me ha gustado el reggaetón, me gusta el vacilón y me gusta cómo se baila. En serio, me interesa el género.

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