Sólo un año después de la operación en la que le hicieron un trasplante de manos, Denis Chatelier dejó de referirse a ellas como "las manos" y empezó a llamarlas "mis manos". Esa anécdota cobra vigencia actualmente, luego de conocerse el caso de la mujer de 38 años desfigurada por un perro y sometida a un trasplante parcial de cara la semana pasada. Los médicos han advertido que los efectos sicológicos de los cambios en el rostro son mayores que en cualquier otro lugar del cuerpo. Después de todo, cuando alguien se mira en un espejo no dice simplemente "esa cara es mía", sino "ese soy yo".

Por eso, el procedimiento, realizado por el doctor Jean Michel Dubernard, el mismo que en 2000 le trasplantó las dos manos a Chatelier, ha sido controvertido. Para muchos es abrir la puerta a un campo riesgoso que aún debe resolver interrogantes científicos y éticos. Entre los éticos se encuentra precisamente el impacto sicológico que puede sufrir una persona con una cara que no es la suya, ni la de su donante, sino un híbrido entre las dos. Los expertos observan allí una paradoja: los más descontentos con la desfiguración de la cara son quienes más van a buscar una solución de este tipo, y por ello serán los más proclives a problemas emocionales relacionados con su nuevo aspecto.

Aunque para muchos la crisis de identidad es el punto más importante de la discusión, para el cirujano plástico Luis Bermúdez, los interrogantes científicos también son relevantes. Según el experto, este tipo de procedimiento es más complejo que trasplantar un órgano como el riñón, pues involucra músculos, piel y nervios, y "es muy fácil que la piel sea rechazada por el organismo", dice. El paciente debe tomar inmunosupresores de por vida, los cuales generan a largo plazo enfermedades como ceguera o leucemia. Otras complicaciones incluyen infecciones, en cuyo caso se necesitaría de un nuevo transplante o de una reconstrucción con colgajos de piel.

A esto se suma el problema de un eventual rechazo. De los 24 transplantes de mano que se han hecho entre 1998 y 2003, dos han tenido que ser amputados. "En el caso de un transplante de cara, se tendría que retirar la piel, una situación mucho peor que la inicial", dice Bermúdez. Él, así como muchos otros, considera que es necesario hacer estudios en animales antes de lanzarse a experimentar en humanos.

Pero hay quienes ven este tipo de trasplante con buenos ojos y consideran que la intervención quirúrgica de Dubernard debe ser aplaudida porque, como dijo a la BBC Iain Hutchison, de la fundación de Investigación en cirugía facial de Londres: "rompe los límites de la ciencia". Los partidarios de este tipo de procedimientos consideran que el simple nombre 'transplante de cara' tiene connotación de ciencia ficción y remonta a la gente a escenas fantasiosas como la de la película Face Off, en la que se muestra cómo el personaje de John Travolta cambia de cara con el personaje interpretado por Nicolas Cage. Consideran que estos procedimientos no son otra cosa que un paso más allá en el campo de la cirugía plástica reconstructiva.

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