OBERÁ. El niño mbya guaraní Julián Acuña fue trasladado anoche nuevamente a Buenos Aires debido a que en las últimas horas padeció un edema generalizado que preocupó a los médicos que lo asistieron durante dos semanas en el hospital Samic de esta localidad.

Minutos antes de las 21 partió el avión sanitario del aeropuerto de Posadas. El niño viajó con sus padres Leonarda y Crispín Acuña y la pediatra Maira Cardozo. Ayer, a la despedida, no faltaron los caciques de la aldea Pindó Poty de El Soberbio a la que pertenece el pequeño y a la que aún no pudo regresar tras la intervención quirúrgica.

Los profesionales del Samic de Oberá explicaron que Julián viajó compensado y que la medida obedeció a una acción preventiva, puesto que su regreso estaba previsto para dentro de dos semanas.

La doctora Ana Zalazar, jefa del servicio de pediatría del hospital Samic, comentó que "el viernes el chiquito comenzó a retener líquido, por lo que sufrió un brusco aumento de peso y se le hincharon los ojos y las piernas".

"Desde que llegó está con las defensas bajas, pero el resto de los valores son normales y no tiene fiebre, lo que significa que no hay infección. Como tratamiento se le incrementó la medicación y con ello se contrarrestó el edema", indicó la profesional.

Además, reconoció que "teniendo en cuenta su patología de base y condición cardíaca, por prevención el cardiólogo que lo atiende consideró que era conveniente adelantar su regreso a Buenos Aires".

Julián, de sólo tres años, arribó al Samic el 24 de octubre pasado proveniente del hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de Capital Federal, donde el 15 de septiembre le extrajeron cuatro tumores del corazón.

La compleja intervención quirúrgica se realizó luego de casi dos meses de indefiniciones legales, médicas y religiosas, que enfrentaron las ancestrales creencias de los mbya guaraní con la ciencia y las posibilidades técnicas de la medicina moderna.

Finalmente, sus padres aceptaron la operación y el niño evolucionó de manera notable, sorprendiendo a los mismos profesionales que trataron su caso.

Durante la estadía de Julián en el Samic, los profesionales a cargo de su cuidado acataron estrictamente las medidas preventivas dispuestas por sus colegas del hospital Gutiérrez.

Por ello, Julián y sus padres permanecieron aislados en un sector del servicio de pediatría y el pequeño siguió un estricto tratamiento a base de antibióticos y medidas de sostén, como una dieta equilibrada, hipercalórica e hiperproteica, acompañada de complejos vitamínicos, diuréticos y controles de laboratorio.

Pero los médicos y enfermeras también debieron luchar contra la idiosincrasia de los jóvenes padres del paciente.

En ese sentido, la doctora Zalazar comentó que "Julián tiene que seguir una estricta dieta sin sal y tenemos sospechas de que por ahí sus padres transgredieron esa indicación, aunque ellos dicen que no".

"El chiquito tiene mucho apetito y come todo el día, pero no puede comer cualquier cosa. Entonces les dijimos a los padres que se turnen para salir a comer", agregó la responsable del área.

Además, remarcó que a la hora de partir hacia Buenos Aires el pequeño se encontraba compensado, de buen ánimo y activo.

"Si bien continúa con un déficit inmunológico, en líneas generales está bien. Tiene apetito, charla, camina y juega con su triciclo. El viernes viajó a Posadas para unos estudios más complejos y ayer me dijo que quería ir de vuelta", comentó Zalazar.

Alrededor de las 18 de ayer Julián salió del Samic de Oberá en una ambulancia, acompañado por sus padres y la pediatra Cardozo.  El avión sanitario, según el doctor Marcelo Sandoval, coordinador médico de la red de traslados de la Provincia, salió de Buenos Aires a las 19 y después de las 20 estuvo en Posadas para trasladar nuevamente al niño mbya al hospital Ricardo Gutiérrez.

El pequeño guaraní siguió sorprendiendo a todos y su comportamiento coincidió con los dichos de los médicos que lo trataron en el Samic. Se lo vio animado y saludó con su manito a quienes fueron a despedirlo.

El 24 de octubre en el hospital Gutiérrez de Capital Federal se realizó una conferencia de prensa en la que se anunció el alta del pequeño paciente, quien se hizo famoso en los medios provinciales y nacionales por las controversias entre dos culturas que generó su intervención quirúrgica.  Julián demostró que ya se adaptó a la presencia de periodistas y fotógrafos y brindó un cálido saludo en las escalinatas del avión.

Aunque los Acuña no pudieron volver a su hogar, en la aldea se estaban realizando los trabajos para la provisión de agua potable y la instalación de energía eléctrica, con el fin de que el pequeño tenga una mejor calidad de vida una vez que pueda regresar.

El 24 de octubre pasado en Oberá sobre Julián cayeron las bendiciones del opyguá Pablo Villalba, el máximo guía espiritual de la nación guaraní, quien lo fue a recibir junto a sus abuelos y otros integrantes de la comunidad cuando arribó desde Buenos Aires, tras la operación.

En la oportunidad los mbya cumplieron con un antiguo ritual que la comunidad les rinde a los que, según su visión, regresan de la muerte.

Ayer el pequeño partió acompañado por sus padres y nuevamente los integrantes de su comunidad elevaron oraciones en su nombre.

La comunidad mbya guaraní ese día había obsequiado artesanías, canastos y bordados a médicos y empleados del Hospital Ricardo Gutiérrez, como símbolo de agradecimiento.

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