Una de las cirugías plásticas íntimas más populares en el extranjero es la himenoplastia: la reconstrucción del himen, la membrana de la vagina que normalmente se rompe durante el primer acto sexual. La intervención repara esta zona para que luzca como el de una virgen. Quienes más la demandan son las musulmanas, cuya obligación de llegar castas al matrimonio puede costarles muy caro, ya sea porque deben someterse a una intervención quirúrgica para volver o parecer ser “puras” o pagar por certificados falsos de virginidad. Así ocurre en Francia y otras naciones de Europa, donde las jóvenes musulmanas gozan de cierta libertad, pero aún deben respetar rígidos códigos de honor familiar. De allí que todo deba ser hecho bajo estricto secreto. El doctor Nathan Wrobel integra un número desconocido de ginecólogos en Francia dedicados a reparar hímenes y es uno de los pocos que habla públicamente de ello. Según él, las mujeres van a su consultorio convencidas de que el procedimiento de alguna manera revertirá lo irreversible. “Ellas me dicen: ‘voy a ser virgen otra vez. Usted me convertirá en una virgen'. Lo cual es totalmente falso. Es un secreto que compartimos''.

Wrobel, profesor de la Universidad de París, dice que en su clínica se realizan mensualmente entre siete y ocho reconstrucciones de himen. Es una operación de 20 a 30 minutos que requiere anestesia general, y que él relaciona con la cirugía plástica. Su precio es de 500 dólares (300 mil pesos). En Internet, un doctor alemán ofrece el servicio por 1.250 dólares (casi 700 mil pesos).

Sin embargo no ésta no es la única razón para someterse a una himenoplastia. Muchas mujeres lo hacen simplemente porque quieren volver a ser como cuando eran vírgenes o para ofrecer ese “regalo” a sus segundos esposos, tal es el caso de las cantantes Marbell y Gloria Trevi.

Las chilenas están lejos de esta realidad, pero ya se asoman tímidamente a la cirugía plástica vaginal, aunque aún lo hacen por razones médicas. Buscan soluciones a problemas ginecológicos como la incontinencia urinaria, miomas uterinos y prolapso genital. En consecuencia, la mayoría de las pacientes son mujeres de más de 50 años, posmenopáusicas, de cualquier nivel social.

Sin embargo también hay pacientes que buscan satisfacer necesidades de tipo sexual, cuenta el doctor Erasmo Bravo, de la Sociedad Chilena de Ginecología y Obstetricia: “Si hiciéramos un ranking de la actual demanda de esta cirugía en Chile, podemos precisar que primero están los problemas ginecológicos, como los miomas uterinos solucionados por vía vaginal; en segundo lugar figuran los prolapsos genitales con o sin incontinencia urinaria y en tercer lugar las operaciones cosméticas vaginales”, explica.

El especialista avizora, por lo mismo, como prometedor el futuro de la cirugía íntima en nuestro país. “Todo indica que poco a poco aumentarán las mujeres que la demandarán. “La mujer se ha desprejuiciado en relación de los problemas de su aparato genital, principalmente respecto a su sexualidad, lo que hace que busque soluciones a los mismos con muchos menos inhibiciones”, dice Bravo.

La cirugía íntima a veces se inspira en revistas eróticas como Playboy o Penthouse, y algunos médicos cuentan cómo se les acercan mujeres que piden una vulva con apariencia atractiva “como ésta”, mientras muestran una provocativa fotografía ante los ojos del especialista.

Pasa con la reconstrucción de los labios vulvares. Mediante una labioplastia reductora cualquier mujer puede modelar sus labios menores si considera que éstos son demasiado grandes, o asimétricos, o simplemente no le gustan por alguna razón. Si por el contrario la interesada va buscando un aumento, la clínica ofertará adquirir otra apariencia al transplantar grasa proveniente de la misma paciente, obtenida mediante la lipoescultura (permite que la grasa retirada de un lugar sea reinyectada en otra parte del cuerpo), a los labios mayores.

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