Enrique Oliú es ciego, pero aun así puede ver lo que ocurre en un diamante de béisbol.

A pesar de que nunca ha visto a un lanzador tirar una bola, o un bateador conectar un hit, Oliú es el encargado de brindar los comentarios de color durante las transmisiones radiales en español de los partidos de los Mantarrayas de Tampa Bay.

"Si uno va a calcular la visión como percepción, entonces yo puedo ver", dice Oliú, quien es ciego de nacimiento. "Si se trata de lo que surja delante de tus ojos, no, entonces yo no veo. Por eso siempre digo que puedo ver porque estoy registrando lo que hay allá fuera".

Ahora en su octava temporada, Oliú se ve relajado mientras llega al Tropicana Field junto a su esposa Debbie Perry para un reciente partido entre los Mantarryas y los Arizona Diamondbacks. Oliú ya ha conversado con Carlos Tosca, el entrenador de tercera base de Arizona, y ahora Debbie hace las veces de sus ojos mientras su marido se apoya en su brazo derecho.

"Oh", dice ella, "probablemente ya está calentando allá fuera".

Debbie entonces dirige a Oliú a través del caos del área de las prácticas de bateo y hacia el jardinero de Arizona. Oliú comienza a conversar con González, quien es oriundo de Tampa, sobre cómo se siente estar rehabilitándose de la cirugía de reemplazo de ligamento que se le practicó en el codo de su brazo lanzador.

Perry retrocede unos cuantos pasos, observa a su marido y sonríe.

Lo de ellos es una historia de amor. El béisbol sólo sirve de escenario.

Perry ayuda a su marido a prepararse leyéndole estadísticas, biografías de jugadores y artículos de periódicos y revistas. En el estadio son casi inseparables. Ella se sienta a su lado en la cabina de transmisión para casi todos los juegos locales, leyéndole segmentos de las notas del partido del día.

"Cuando me enamoré de él, ya él transmitía juegos", dice Perry. "Ya él tenía todas sus metas y sueños. Como cualquier otra persona que se casa, uno simplemente pregunta: '¿Qué es lo que quieres hacer en la vida?".

"Y esto es lo que él quiere hacer en la vida. Si no lo hiciera, no sería una persona feliz. Y yo no puedo permitir que él no sea una persona feliz".

Oliú, de 44 años, dice que su amor por la radio y los deportes se remonta a su niñez en Nicaragua, donde los eventos deportivos usualmente se transmitían por radio en vez de la televisión.

Llegó a Estados Unidos a los 10 años para asistir a la Escuela para Sordos y Ciegos de Florida en St. Augustine. En las clases de educación física, Oliú aprendió sobre el béisbol por medio de un deporte que era una mezcla de béisbol, tee-ball y kickball. También fue miembro del equipo de lucha libre de la escuela.

"Él sólo quiere aprender y hacer lo mejor que pueda", dice Marvin Sanford, el ex maestro de educación física de Oliú y antiguo entrenador de lucha libre. "Él quiere competir. Eso es lo que lo ha llevado tan lejos: su competitividad", añade Sanford, quien en la actualidad es decano de estudiantes de la Escuela para Ciegos de Tennessee en Nashville.

Oliú comenzó su carrera en la radio mientras asistía a Florida College, un centro de estudios en Temple Terrace, un suburbio de Tampa, donde anunciaba los juegos de béisbol del colegio a través del sistema de altoparlantes. Finalmente se transfirió a la Universidad del Sur de la Florida, de donde se graduó. Oliú también ha hecho comentarios en español para los Tampa Bay Buccaneers y para el Tampa Bay Storm, de la Liga de Fútbol Americano de Arena.

Conoció a Debbie, quien para entonces era sargento de la Fuerza Aérea, durante una cita secreta que arregló un amigo de ambos.

Ambos se complementan muy bien, dentro y fuera del parque de pelota. Él es el impetuoso y extrovertido de los dos; ella es más estructurada y tranquila. Ella hace la mayor parte de la cocina en el hogar, pero él se encarga de gran parte de las labores de limpieza.

Antes de cada partido de los Mantarrayas, ambos se dedican a estudiar al oponente. Las sesiones pueden tomar hasta dos horas, a medida que Perry lee las guías de los otros equipos, manuales y otras publicaciones. Mientras ella va leyendo, Oliú va recordando.

El matrimonio hace toda esta labor de preparación una vez han cumplido las jornadas de sus respectivos empleos. Él trabaja como enlace entre confinados y abogados en la Oficina del Defensor Público del condado de Hillsborough. Ella es la coordinadora de beneficios de los empleados de los Mantarrayas.

Los jugadores de los Mantarrayas sienten respeto hacia Oliú.

"Es muy conocedor", dijo el paracorto Julio Lugo. "Eso me sorprende. A veces le pregunto cómo sabe lo que está ocurriendo. Es como si tuviera un sexto sentido".

"Sus descripciones verbales para mí son increíbles, en cuanto a lo astuto que es para todo", afirmó, Joe Maddon, gerente de los Mantarrayas. "No tengo duda alguna de que él lo ve todo. Su ojo mental es tan claro como el de cualquiera".

Para el juego de los Mantarrayas contra los Diamondbacks, Oliú y Perry están sentados en la última fila de la sala de prensa, no lejos de donde se sienta Ricardo Taveras, el narrador de las jugadas de los Mantarrayas. Durante el partido, Oliú escucha las descripciones de Taveras y ofrece su análisis de las estrategias y los jugadores.

Perry no habla mucho español -- y no está muy pendiente de lo que su marido y Taveras están diciendo -- pero ella y Oliú se comunican uno con el otro a través del partido. Ella se sienta a su derecha, manteniendo la puntuación y buscando otros datos interesantes del juego.

Un par de horas más tarde, se acaba el partido y Oliú se despide de los radioescuchas.

"Yo soy Enrique Oliú. ¡Buenas noches y buena suerte, amigos!", exclama.

Su esposa lo dirige hacia la salida del salón de prensa y caminan al vestíbulo del estadio. Juntos, se dirigen hacia su auto. Tomados de la mano, como siempre.

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