Para los entendidos, el oncólogo José Alberto Rondón Ayala constituye obligada referencia en el tema; para pacientes y familiares es simplemente Rondón, alguien así como un amigo a primera vista, que sin protocolos ni excusas ofrece a todos igual atención.

Más de 30 años ha dedicado a esta especialidad. Lo asisten la consagración y el talento. No admite banderas blancas a la hora de salvar y advierte que detesta oír hablar del cáncer como “esa terrible enfermedad”. “Todas lo son -insiste-, hasta un dolor de cabeza para quien lo sufre. Hay médicos que creen que con las personas que tienen cáncer la batalla está perdida. Esos son conceptos antiguos. Conozco a muchos que operé hace 25 años y todavía me llaman por la calle”.

Tanta experiencia conmina a explorar sus opiniones sobre la realidad de esta dolencia en Sancti Spíritus, un territorio donde las estadísticas de afectados se han disparado en los últimos años.

“Era un hecho esperado -comenta sin asombro-, primero por la baja natalidad, por el aumento de la esperanza de vida, porque al vivir más las personas tienen mayor posibilidad de padecerlo, pues se dice que las sustancias oxidantes favorecen enfermedades como el cáncer, las de tipo vascular y otras.

“La mortalidad no está relacionada, por ejemplo, con la calidad de los tratamientos, porque lo mismo sucede en provincias con centros desarrollados como Camagüey, Villa Clara, Holguín, que poseen más oncólogos, más protocolos con el Centro de Ingeniería Molecular, equipos de radioterapia, o sea, con un desarrollo tecnológico y un nivel asistencial mayores, sin embargo hay un aumento de la mortalidad, es decir, no depende de la parte técnica sino que es un fenómeno que está sucediendo, un problema que ocurre en la sociedades más viejas, en Europa, en algunos lugares de Estados Unidos, en Asia”.

Sí, pero hay que ver cuál tipo de cáncer, porque existen tumores propios de los jóvenes: la leucemia, los sarcomas, los de testículos, de cerebro, siempre han sido más frecuentes en ellos. Lo que pasa es que cuando eso sucede es muy notorio. Si un muchacho se mata en un accidente no impacta tanto como que digan que murió de cáncer.

Sí, eso es cierto en algunas ocasiones y en determinados tipos de tumores, a veces ocurre.

Yo pienso que la salud de alguien es en primer lugar de la misma persona y no se habla de eso lo suficiente por los medios de comunicación; se dan consejos a la gente y no los siguen: no se debe fumar y continúan fumando, se ingieren bebidas alcohólicas en exceso, se exponen indiscriminadamente al sol rubios de ojos claros y pueden contraer cáncer de piel; se ve eso como un hecho ajeno, lejano.

Sí, tiene que funcionar eso. Por ejemplo, el programa de detección precoz del cáncer cérvico-uterino (prueba citológica) es uno de los más viejos de América y está muy bien ajustado; sin embargo, usted encuentra en la consulta a pacientes que llegan con un tumor de grado tres o etapa cuatro, muy avanzado, tanto en mujeres mayores como en muchachas que por vida sexual desordenada, o que por problemas locales, o sea, infecciones virales, hacen tumores y a menudo nadie sospecha que una mujer de 20 años va a tener esa enfermedad… Se tomó en un inicio como un maratón y se ha ido perdiendo la sistematicidad. También sucede en el caso de los hombres, existen exámenes como el tacto rectal que por la cultura cubana es difícil que una persona se lo realice sin estar enferma. Pero no creo que la solución sea sólo vencer el tabú, hay que buscar una técnica menos invasiva y menos lesiva a la privacidad de la persona.

Cada cual tiene un pedacito del “carro”; para que marche bien tiene que estar coordinado. Han habido momentos en que se ha atrasado algo, pero son casos muy circunstanciales y siempre hay una alternativa. El Grupo Nacional de Oncología se ha proyectado por maneras uniformes de tratar los tumores, la época es de unificar criterios. Eso permite evaluar la labor, ver qué falta, es decir, un mayor control. La Dirección Provincial tiene mucho interés, se han creado condiciones de trabajo para tratar de unir esfuerzos, incluida la Atención Primaria, que es fundamental en el diagnóstico temprano.

Aquí se desarrollan tratamientos de Primer Mundo, de alta tecnología, sobre todo con productos biológicos, anticuerpos monoclonales, interferones; faltaba el tomógrafo y ya lo tenemos. Se ha negociado con el Centro de Inmunología Molecular para aplicar algunas vacunas de tratamiento. Se llevan a cabo varios protocolos, a través de los vínculos con esa institución, por ejemplo, de un producto que se llama Leucocim, un factor estimulante para que los pacientes sometidos a citostáticos, a quienes les bajen los glóbulos blancos, no tengan que interrumpir el proceso. Tenemos también otro tratamiento con Interferón para el melanoma, enfermedad muy agresiva; son protocolos en los que se acopia información para analizarla. Hay centros auditores internacionales que asesoran la investigación y después la evalúan.

Claro que soy optimista; si no, no fuera oncólogo, me dedicaría a la cirugía reconstructiva, a poner las caras bonitas o a quitarles las arrugas. Esta es una especialidad de mucho trabajo, en la que chocas mucho, pero tienes que seguir pa'lante… Si volviera a estudiar Medicina sería otra vez oncólogo, creo que mi vida ha sido útil en ese sentido y no me arrepiento de lo que he hecho; hubiera querido hacer más, salvar a más personas.

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