Durante el martes la euforia se convirtió en una espera nerviosa por noticias sobre el estado de Castro, considerado por muchos exiliados como un dictador cuya muerte podría anunciar una nueva era democrática en su país.

"Estamos viendo el fin de ese régimen terrorista de 50 años, de casi 50 años", dijo el republicano Mario Diaz-Balart, descendiente de cubanos y miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, a la cadena de televisión WSVN de Miami.

"Podrían ser horas, podrían ser días, podrían ser meses, pero ya va de salida", agregó Diaz-Balart.

Castro entregó el lunes temporalmente el poder a su hermano menor y sucesor designado, Raúl Castro, luego de que fue sometido a una cirugía por una hemorragia gastrointestinal.

Diaz-Balart, cuya familia alguna vez estuvo relacionada con Castro, dijo que el del líder cubano era esencialmente un gobierno de un hombre y que era poco probable que su hermano Raúl gobernara por mucho tiempo ya que "no tiene la capacidad mental de Fidel".

Autoridades de Estados Unidos y Florida han previsto durante mucho tiempo que la muerte de Castro podría producir un éxodo caótico.

La Guardia Costera de Estados Unidos observaba los hechos cuidadosamente, dijo la suboficial Dana Warr.

"Tenemos planes de contingencia que están listo si sucede cualquier cosa", dijo Warr, sin dar más detalles.

El Condado de Miami-Dade abrió su centro de operaciones de emergencia, pero la calma volvió a las calles de Miami, las que habían estallado en júbilo la noche anterior.

La Calle Ocho, principal arteria del barrio que congrega a la comunicad cubana en Miami y es el corazón de la oposición a Castro, estaba inundada por banderas y gente bailando que llevaba años, sino décadas, esperando que Fidel Castro cediera el poder.

"Estoy eufórica pero triste al mismo tiempo, porque hay muchos de nosotros que no pueden estar aquí para ver esto", dijo Ana María Lamar, refiriéndose a los exiliados que perdieron la vida luchando contra Castro y a los balseros cubanos que se cree murieron tratando de abandonar la isla.

Se estima que unos 650.000 descendientes de cubanos viven en Miami, la ciudad del estado de Florida que acogió a las oleadas migratorias que abandonaban la isla tras la revolución encabezada por Castro en 1959.

Lamar, de 62 años, dijo que su padre fue uno de los que peleó en Bahía de Cochinos en 1961, un intento de Estados Unidos que fracasó en su objetivo de derrocar a Castro.

"Él está celebrando en el cielo", dijo la mujer con lágrimas en los ojos.

La Calle Ocho era un desfile continuo de automóviles sonando bocinas con gente sentada en las ventanas flameando banderas cubanas, mientras se formaban grupos de baile.

La policía cerró las calles mientras una multitud de al menos 500 personas se reunía fuera del popular local Versailles en Little Havana, donde el presidente George W. Bush desayunó el lunes cuando criticó al "régimen tiránico" de Castro.

Para algunos, la alegría de presenciar el final del gobierno de Castro era moderada por los temores de que la transición del poder pudiera ser caótica.

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