No se sabe, porque en la Isla de Cuba nada se sabe realmente. El control que ejerce el gobierno sobre toda la información que llega a la población es realmente aberrante. Los medio son marionetas del gobierno. La salud del tirano es secreto de Estado. El que se atreva a dar un informe sobre lo que allí ocurre corre el riesgo a desaparecer, o de ser condenado a cadena perpetua en alguna de esas cárceles a donde languidecen los presos políticos en las peores condiciones de subsistencia.

Lo único que se sabe es que el dictador tuvo que someterse a una intervención quirúrgica de emergencia y que dejó a su hermano Raúl Castro encargado de gobernar (entiéndase reprimir) a su pueblo.

En un escueto comunicado de la oficina de prensa del tirano, se informó a la ciudadanía que: “luego de varias hora de cirugía el Comandante Jefe se encuentra estable y en recuperación”.

Nadie, a menos de que sea un suicida, se atreve a dar una noticia diferente.

Los médicos que lo operaron, las enfermeras que lo atendieron, aun los encargados de hacer la limpieza de su cuarto o cambiarle las sabanas, guardan el más estricto silencio sobre su condición, porque hablar del tirano es considerado traición a la Patria y le puede costar al infidente años de libertad y hasta la vida.

Lo que Fidel Castro y su camarilla de fanáticos y esbirros no pueden evitar es que sean muchos los que celebran la posibilidad su muerte.

¿Quién puede impedir los brotes de alegría de los miles de cubanos que han vivido un destierro forzado por décadas en España, Venezuela, Holanda, New York, Puerto Rico o Miami?

No es posible reprimir a los miles de balseros que tomaron unos cuantos neumáticos viejos y se botaron al mar con su familia, corriendo el riesgo de naufragar, morir de sed, de hambre o terminar en el vientre de un tiburón, para poder llegar a las costas de la Florida y así huir de las garras del tirano.

Como evitar la alegría de tantos, que por más de 40 años no han podido regresar a su patria y ahora ven la posibilidad de un amable retorno. Es entendible.

Si yo hubiera sufrido lo que algunos cubanos han tenido que sufrir, es probable que también estuviera en este momento esperando con gran ansiedad su muerte.

están pegados a su radio o televisión, esperando la noticia. Cuando finalmente suceda, cuantos llorarán por que sus abuelos murieron sin oírla la buena nueva. Imagínense lo que significa para muchos finalmente disfrutar de la libertad ambicionada.

La gente de la isla tiene miedo. ¡Cómo no! Si no sabe realmente la verdad sobre lo que ocurre en el mundo exterior. Si ha sido mal informado y manipulado por cuatro décadas. ¿Cómo reaccionará este sufrido pueblo cuando se pueda quitar la venda que cubre sus ojos?

Que sea lo que Dios quiera. Pero que Dios se apiade del sufrimiento del pueblo cubano y finalmente les conceda la libertad ambicionada.

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