na nueva sección se ha inaugurado recientemente en . La misma, abierta el 8 de marzo pasado, pretende aunar en un mismo espacio de archivo las noticias, informaciones y artículos que tengan como protagonistas o tema central a las mujeres, a los movimientos de mujeres y/o los feminismos.

Siguiendo el estilo de , buscamos una metáfora que pudiera sintetizar (algo difícil de conseguir) la perspectiva desde la cual pensamos la cuestión de la mujer. Por ello decidimos nombrarla "Pan y Rosas", reivindicando en este título la tradición del movimiento obrero norteamericano y también de gran parte del feminismo a nivel mundial, que alude a las 15.000 obreras textiles que en marzo de 1908 marcharon por las calles de Nueva York reclamando aumento de salario y mejores condiciones de vida.

Para nuestra sorpresa, abrir esta sección para que tuvieran mayor espacio las reflexiones y los debates sobre la opresión de las mujeres, los feminismos, etc no ha despertado más que polémicas alrededor de su nombre sin que, lamentablemente, recibamos aún otras opiniones que apunten a darle contenido a la sección.

Podríamos decir que, sintéticamente, las críticas se concentran en tres aspectos: 1. por qué denominar mujer a la sección, en vez de mujeres; 2. por qué denominar mujer a la sección, en vez de feminismo o crítica feminista y 3. qué evocaciones produce el nombre "Pan y Rosas" asociado a una sección con noticias y artículos sobre y de mujeres.

En lo que sigue, intentaremos responder a estas críticas.

A principios de los '80, las mujeres negras y las mujeres lesbianas acusaban al feminismo de ser un discurso imperialista que pretendía representar los intereses de todas las mujeres desde la posición exclusiva y particular de las mujeres blancas anglosajonas de clase media y heterosexuales. Su crítica se basaba en que sus propias experiencias no coincidían con las de otras mujeres, sus situaciones de opresión no eran idénticas, sus vínculos con los varones también eran diferentes; incluso muchas veces estos vínculos eran privilegiados frente a la relación con otras mujeres de etnias, clases o naciones diferentes.

El discurso feminista era criticado por su esencialismo: bajo la definición unívoca de mujer se pretendía encontrar una experiencia unificadora para todas las mujeres. La discusión central del feminismo que, en un principio se ubicaba en la diferencia de género, se trasladó, entonces, a las diferencias entre las propias mujeres.

Junto con estas críticas, el multiculturalismo desembarcó en los estudios de género y en el mismo movimiento feminista con su respeto por la diversidad, pero arrastrando tras de sí la renuncia a todo "horizonte de universalidad". Se privilegiaron los estudios localizados, en detrimento de las teorías sociales abarcativas.

Escapando al reduccionismo económico, el multiculturalismo despojó a las identidades de su anclaje en determinadas relaciones necesarias de colaboración social: trastocó las identidades en meras diferencias textuales, discursivas; exaltó los valores, las experiencias y las opiniones propios de los grupos subordinados asumiendo que eran en sí mismos progresistas porque surgían directamente de la experiencia de subordinación. De este modo, con la irrupción de las diferencias al interior mismo del movimiento feminista, la diferencia fue recategorizada como absolutización de identidad.

Por nuestra parte, consideramos que, si bien es cierto que cada sujeto es una combinación particular de pertenencias múltiples a diversos lugares de identidad, sólo una lectura liberal podría llevarnos a la interpretación de que la sociedad existente es el resultado de una sumatoria de individuos con múltiples pertenencias identitarias. La articulación de las diversas determinaciones de género, sexualidad, etnia, etc. está fundada en la estrecha articulación que existe entre explotación y opresión bajo la dominancia del capital, que ordena jerárquicamente esta articulación en su propio beneficio.

Sin embargo, colocando en el mismo nivel las diferencias de género, de orientación sexual, de etnia, con las de clase, el multiculturalismo emprende la tarea que -según Slavoj Zizek- consiste en hacer invisible la presencia inalterable del capitalismo.

Debe entenderse que no es la noción de diferencia lo que cuestionamos sino su naturalización biológica o su absolutización que convierten a la diversidad en una constelación de singularidades fetichizadas, impidiendo la construcción de un agente colectivo capaz de constituirse en sujeto de su propia liberación.

Es cierto que el sistema capitalista sostiene este aspecto universal y abstracto; pero lo hace a expensas de descansar en la pluralidad del deseo y la fragmentación de la producción social. Toda singularidad de los valores de uso de la economía es subsumida a la abstracción universalizable del valor de cambio. Toda particularidad de los sujetos individuales es subsumida en el derecho y la justicia bajo la figura del citoyen.

Cuestionar exclusivamente la arbitrariedad de la universalización a imagen y semejanza del dominador en los planos formales del conocimiento, la justicia, el lenguaje, etc, conlleva al sostenimiento indiscutible de sus bases materiales ancladas en las estructuras económicas de las relaciones sociales de producción.

El feminismo si pretende retomar las banderas de la emancipación de las mujeres de toda opresión no debería aceptar los términos impuestos por esta trampa postmoderna.

No hay solución a la universalidad esencialista moderna desde los particularismos identitarios que "respeta" el relativismo multicultural.

La lucha de las mujeres por su emancipación debiera ser un grito poderoso contra toda forma de explotación y opresión, que denuncie el patriarcado y su actualización sistémica en los marcos del modo de producción capitalista que hoy, mientras hunde a millones de seres humanos en la guerra, la miseria, la violencia, el sometimiento, las enfermedades y el hambre -especialmente a las mujeres y las niñas- es legitimado por quienes intentan presentar a la democracia liberal como el único régimen posible al que podemos aspirar para el regocijo posmoderno de nuestras identidades plurales.

Si no existiera esa posibilidad de percibir el hecho común del patriarcado -aún en medio de la diversidad de sus formas, sus agentes, su contenido-, la lucha por la liberación de las mujeres no tendría sentido. Y nosotros/as creemos que sí lo tiene.

No pretendemos acallar las voces de las mujeres reales bajo una supuesta norma estereotipada de lo que debería ser la Mujer. Mas bien, lo contrario. Deseamos intercambiar las opiniones, las reflexiones y las informaciones de las mujeres más diversas y que, sin embargo, entienden que ser mujer -aún de múltiples y diversas maneras- las define en un lugar de opresión del que desean liberarse socialmente.

Dicho esto, quiero hacer una reflexión junto a los/as lectores/as, en términos más sencillos.

Supongo que los/as lectores/as de entienden perfectamente qué van a encontrar en la sección del periódico denominada España. Y sin embargo ¿es que acaso la palabra España define algo unívoco?

España será para los vascos un sinónimo de opresión nacional, mientras que para mí -que fui una de las trabajadoras de Aerolíneas Argentinas despedida en 1991-, España evoca la imagen de la empresa Iberia que compró la compañía nacional argentina y dejó en la calle a cientos de nosotros/as; y para muchos/as de nuestros/as ancianos/as, España era la revolución y era el triunfo del fascismo obligándolos a emigrar.

Pero cuando leo España en , no me permito confundir en mis apreciaciones políticas e ideológicas a las multitudes de ciudadanos y ciudadanas que se están movilizando valientemente contra la guerra con sus propios antepasados que masacraron a los habitantes originarios de mi país, ni con los grupos empresarios de la Repsol o la Telefónica. Entiendo también que nadie esperará encontrar en dicha sección una carta de Aznar explicando a los/as lectores/as de las "justas causas" que lo impulsan a ser parte de la coalición guerrerista imperialista.

Pues, del mismo modo, espero que nadie pretenda encontrar recetas de cocina ni consejos de belleza en la sección Mujer. Aunque haya en el mundo mujeres que cocinen y sigan a pie juntillas los secretos para conseguir una piel fresca y sin arrugas que divulgan los medios de comunicación.

¿Acaso esto no debería ser una obviedad a partir del nombre del periódico que de manera democrática y plural nos convoca como colaboradores/as y lectores/as? Para algunos/as lectores/as desprevenidos, parece que Mujer es la única sección en la que el nombre los ha desorientado de tal modo que no sabían con qué iban a encontrarse. Salvo que esos comentarios hayan sido una broma... que si no, ¡ imagínense, entonces, qué de quejas podríamos levantar quienes habitamos en un país al que, metafóricamente en , se lo ha llamado "El reino del revés"!

Con respecto a la segunda crítica, acerca de por qué no denominar a la sección feminismo o critica feminista, me inclino a pensar una respuesta rápida y concisa que dice así: "pues, ¡porque no lo es!" O al menos, no es lo único de lo que se trata.

Cuando informamos que el cáncer de mama y de cuello de útero aumentó entre las mujeres iraquíes un 700% en el último período, no estamos haciendo crítica feminista. Como mucho, estamos transmitiendo una noticia que para otros no es noticia. Es decir, estamos tratando un hecho como noticia desde una perspectiva de género.

De todos modos, haciendo esta salvedad, si aceptáramos denominar a la sección como feminismo o critica feminista, tendríamos el mismo problema que nos plantean nuestros/as críticos/as lectores/as acerca del sustantivo mujer. ¿ Qué feminismo? ¿De la igualdad o de la diferencia? ¿Feminismo radical, liberal o socialista? ¿Feminismo de clase, materialista, postcolonial, ecofeminismo?

Del hecho obvio de que no hay una mujer, sino mujeres se desprende la lógica consecuencia de que no haya un feminismo, sino feminismos.

Para las mujeres, un feminismo homogéneo es un imposible en todo momento histórico. Porque desde que nuestra opresión existe, nos ha encontrado oprimidas a un lado y al otro de la barrera de las clases sociales, por sólo nombrar una de las contradicciones que considero fundamental.

Y si bien es cierto que las mujeres de la clase dominante, tienen menos derecho al dominio que los varones de su propia clase y también es cierto que las mujeres de las clases explotadas son doblemente explotadas y son oprimidas por los compañeros de su misma condición social, es cierto también que hay diferencias bastante sustanciales entre unas y otras. Hay veces en que la vida misma es la diferencia, porque mientras hay Condoleezas a un lado de los misiles, del otro -del lado en el que éstos caen- hay anónimas mujeres iraquíes.

Y lo que es más preocupante es que, incluso la posibilidad de que las Condoleezas puedan ejercer su poder, muchos/as se lo atribuyen al feminismo. Por eso recientemente, cuando se dieron a conocer las imágenes de la soldada norteamericana capturada por los iraquíes, el debate se reabrió sobre hasta dónde debería llegar la igualdad de las mujeres con los varones. Y adivinen ¿cuál fue la posición del feminismo?

¡No hay una tal posición del feminismo! Porque hay quienes sostienen que el feminismo debe luchar por la igualdad, incluso por el derecho a ser "igualmente de criminal". Hay otras que sostienen que el feminismo se debe oponer a toda guerra, porque las mujeres "esencialmente" somos pacíficas y dadoras y protectoras de la vida.

Y hay quienes -como quien escribe- repudiamos la agresión imperialista perpetrada por un ejército de varones y mujeres contra el pueblo iraquí -integrado también por varones y mujeres-. Creemos que las mujeres tendríamos que tener el derecho a manejar armas igual que los varones, como a todas las cosas, pero no anteponemos este derecho formal igualitario al propio contenido de su ejercicio. Porque entendemos que el movimiento emancipatorio de las mujeres sólo podrá realizar sus fines de liberación en una sociedad donde ya no existan explotadores/as ni explotados/as.

En cuanto al recurso formal del nombre de la sección, fue una opción. ¿Podríamos haber puesto "feminismo socialista", entonces? ¿Podríamos haber explicitado nuestra posición particular sobre el feminismo en el nombre de la sección, aún haciendo la salvedad de que también se incluyen noticias, informaciones y artículos con otras posiciones? Elegimos que nuestra posición quede expresada sólo en el título metafórico de "Pan y Rosas". Algo que también se trasluce -o esa es nuestra pretensión- en los artículos publicados de nuestra autoría. Pero no por ello, descartamos para su publicación las reflexiones diversas de otras mujeres, otras feministas, que nos hacen pensar, incluso promoviendo nuestra crítica de una manera constructiva, aunque no coincidamos plenamente con ellas.

Si hubiéramos nombrado a la sección con la palabra feminismo, entonces, nuestros/as lectores/as hubieran podido plantearnos la misma crítica que nos plantean sobre el uso de la palabra mujer. Sin embargo, aunque ellos/as no perciban esta sutileza, lo cierto es que feminismo remitiría a muchísimas más controversias sobre su significado que las que evoca el sustantivo con el cual se denomina a la mitad de la humanidad.

Finalmente, resumiendo, los/as lectores/as de encontrarán que la sección incluye artículos sobre feminismos, de feministas, de críticas feministas de diversas vertientes, aún cuando tenemos una posición tomada al respecto. Pero también se encontrarán con noticias e informaciones que, sin que podamos considerarlas elaboraciones feministas o de crítica feminista, pretenden mostrar a las mujeres reales, en sus vidas cotidianas y en los hechos que rompen esa cotidianeidad, y pretenden hacerlo de un modo tal que no es el habitual en los grandes medios en el que la lógica del mercado impone la homogeneidad de la anorexia, la cirugía plástica y la felicidad permanente como únicas noticias digeribles para sus lectoras.

Por último, intentaré responder a quienes critican la elección de la frase "Pan y Rosas" con la que denominamos, de manera metafórica, a la sección. Se trata de la única crítica que realmente me ha molestado seriamente, pero no por tomarla como un agravio contra una elección personal, ya que -como dice la sabiduría popular- "sobre gustos no hay nada escrito" y habrá lectores/as que podrán sugerir mejores metáforas o más bellas que expresen el mismo contenido.

Quizás, comenzando por una anécdota personal, puedo suavizar mi ánimo y abrir los ojos de los/as lectores/as críticos/as hacia el por qué de esta elección.

Hace casi dos décadas, cuando era aún adolescente y comencé a militar en las filas de la izquierda entré al local partidario un 8 de marzo y me crucé con una compañera a la que saludé efusivamente con un "Feliz Día". La respuesta que obtuve fue contundente y aleccionadora. Me obligó a buscar en las bibliotecas qué es lo que estábamos conmemorando y así fue que me comenzó a dar más bronca aún toda esa publicidad de bombones y perfumes para las madres y las novias, flores para las secretarias y las amantes, que evoca el día de la mujer.

Así fue como me enteré de que, el 8 de marzo de 1857, las obreras de una fábrica textil de Nueva York se declararon en huelga contra las extenuantes jornadas de doce horas y los salarios miserables y las manifestantes fueron atacadas por la policía. También descubrí que, medio siglo más tarde, en marzo de 1908, 15.000 obreras marcharon por la misma ciudad al grito de "¡Pan y rosas!", sintetizando en esta consigna sus demandas por aumento de salario y por mejores condiciones de vida. Y, al año siguiente - también en marzo -, 140 jóvenes murieron calcinadas en la fábrica textil donde trabajaban encerradas en condiciones inhumanas.

Supe que, finalmente, en 1910, durante un Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, la alemana Clara Zetkin propuso que se estableciera el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, en homenaje a todas aquellas que llevaron adelante las primeras acciones de mujeres trabajadoras organizadas contra la explotación capitalista. De ahí que en muchos lugares se conmemore, aún hoy, como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Mucho más me sorprendí cuando, leyendo Historia de la Revolución Rusa, me enteré que siete años más tarde de aquel congreso internacional, fue durante la conmemoración del día de la mujer en Rusia - febrero de 1917, para el calendario ortodoxo, marzo para el calendario occidental -, que las obreras textiles tomaron las calles reclamando "Pan, paz y libertad", marcando así el inicio de la revolución que desembocara en la toma del poder por la clase obrera, en el mes de octubre del mismo año.

¿Hubiéramos podido, entonces, denominar a nuestra sección "Pan y Leyes", como nos sugiere una de las lectoras que nos critica?

Una minoría de mujeres en el mundo tiene derecho al pan y derecho al derecho. Incluso muchas otras, aún sin saberlo, tienen a su favor leyes que las benefician pero se trata de derechos que no pueden ejercer en la cotidianeidad de sus vidas concretas. Recuerdo una discusión que planteaban los dirigentes bolcheviques sobre los derechos de la mujer: ¿de qué servirían los decretos permitiendo lo que antes no se permitía a las mujeres, si ellas seguían siendo "esclavas domésticas", es decir, si no se transformaba de raíz una sociedad en la que las mujeres estaban sometidas a las tareas del hogar?

Lo queremos todo. Queremos vivir dignamente, alimentarnos, tener derecho a la vivienda y al abrigo. Y también queremos tener derecho a disponer de nuestro cuerpo y de nuestras potencialidades creativas. Queremos señalar que pretendemos también el derecho a la belleza, como decían las mujeres anarquistas de principios de siglo. ¡No más diez cuerpos agotados para sostener el ocio de un holgazán!

Obtuvimos este nombre de "Pan y Rosas" de la misma historia de la lucha de las mujeres por su emancipación. Podríamos haber elegido otros mejores, más expresivos, más a gusto de nuestros/as lectores/as, sin duda; y esto es discutible. Pero eso no significa que el elegido se torne, necesariamente, en una expresión que evoque la cocina y los consejos de belleza, para evitar hablar de "feminismo", como nos han sugerido nuestros/as críticos/as. Esto no nos ofende personalmente, más bien lo consideramos una ofensa contra la historia de lucha de las mujeres.

Personalmente, hubiera preferido que el nombre indujera a los/as lectores/as a preguntarse el por qué, buscar su origen, enterarse y descubrir que las mujeres tenemos una historia que, las más de las veces, no es contada.

Sin ir más lejos, eso tuve que hacer cuando saludé a mi compañera con un desubicado "Feliz día", sin saber que nada tenía de feliz trabajar más de 14 horas diarias, ser apaleada por la policía o morir calcinada en una fábrica textil. Y lo mismo tuve que hacer recientemente, cuando nuestros/as amigos/as de eligieron bautizar a la sección sobre Bolivia con las palabras Tupac Catari, que sólo me evocaban el paisaje andino sin más.

Para finalizar, creo que el debate ha servido muchísimo. Me invita a creer que la producción de interesantes artículos sobre las problemáticas que enfrentamos las mujeres en nuestra diversidad está en marcha y, que pronto veré inundada mi casilla de correo electrónico con elaboraciones que nos enviarán nuestros/as lectores/as, suyas y de terceros/as.

This is cache, read story here