Cirugía de Ojos. Cirugia láser ocular.
Llegó la onda rusa...
Al principio su teatro resultó tan extraño y desconcertante que el público no lo entendió y los críticos se burlaron de él. No entendían nada. Era el comienzo de un nuevo teatro y su causante fue un médico rural más preocupado por la salud de los demás que por la propia. Se trata de Anton Chejov, aquel dramaturgo ruso que le metió al teatro intimismo, pausas sugestivas, personajes de impresionante dimensión psicológica, diálogos líricos y esa vitamina que son los sentimientos humanos.
Será tendencia o casualidad, la cuestión es que, en Buenos Aires, hay cuatro trabajos teatrales basados en la dramaturgia de Chejov ("Un hombre que se ahoga", "El vuelo", "Lejos de Moscú" y "Espía a una mujer que se mata") y tres obras del autor ("El jardín de los cerezos", "La dama del perrito" y "Cuando Chejov ríe o El pedido de mano y otras gracias").
Siempre los artistas argentinos se sintieron atraídos por la obra de Chejov, pero tal vez la excelencia y el éxito de "Un hombre que se ahoga", la versión que hizo Daniel Veronese de "Tres hermanas", haya sido un disparador para que los ojos de los teatristas se posasen nuevamente en este autor. Además de las obras mencionadas, hasta hace poco estuvo en cartel "Ana querida", una versión que Mónica Viñao hizo de "La dama del perrito", además de "Las razones del bosque", trabajo que Patricia Zangaro hizo sobre textos y temas del dramaturgo.
Hoy, Daniel Veronese estrena su segundo trabajo sobre Chejov. "Espía a una mujer que se mata" es una versión de "Tío Vania", que el dramaturgo y director hizo a su estilo. "No habrá trajes teatrales, ni ritmos bucólicos de salones familiares, ni trastos que denoten un tiempo campestre. La acción se desarrollará en la vieja y golpeada escenografía de «Mujeres soñaron caballos», quitando elementos hasta llegar a una expresión mínima", explica Veronese en la gacetilla de prensa.
Cuando convocó a los actores que luego hicieron "Un hombre que se ahoga", se había enamorado de "La gaviota" y "Tío Vania". Pero la cuenta no daba. Personajes, edades, número de actores... Así que le encontró la vuelta tomando "Tres hermanas" y haciendo un cambio radical en el sexo de los personajes. La obra fue y es un éxito. Tanto es así, que se representa los domingos, en horario de cancha, y trabajan a sala llena.
Pero el año pasado ya comenzó a pensar en "Tío Vania". "Lo que hice fue trabajarla con mayor intensidad, teniendo en cuenta la experiencia anterior. Empecé a modificarla más en función de lo que después iría necesitando. Le hice cirugía mayor donde necesitaba. Metí textos e ideas sobre el teatro y me desplacé un poquito más del original -explica Veronese-. Pienso en un espacio y en los actores, no en un texto, ni en Chejov. No me importaba irme del original en el proceso. Me iba hacia donde pudiera generar estímulos para los actores. Pero esto no significa que sea otra obra. Están el acontecer de Chejov y los personajes." Asimismo, advierte que no se privó de nada en cuanto a lo temporal. "En «Tres hermanas» se habla del paso del tiempo y, aquí también, éste parece detenido en esta finca. Nadie trabaja, nadie hace nada y pierde el tiempo. Como si todo transcurriera en una hora y cuarto, la duración de la representación. Los cuadros están disueltos unos en otros."
Veronese necesita que los actores se sientan dueños del proyecto y cómodos con lo que hacen. Es permeable y capaz de modificar situaciones por la experiencia de la actuación. "Chejov te proporciona algo de lo que enseguida te empezás a regodear: la sensibilidad. Pero lo que ha hecho Daniel en ese sentido fue apartarnos del camino más próximo que te da el autor, y fortalecer mucho los vínculos", explica Osmar Núñez, quien compone a Vania, en la nueva puesta de Veronese, y quien afirma que éste ya circulaba por los rieles chejovianos cuando escribió su "Mujeres soñaron caballos". Nada errado. "Lo nuestro está basado en un gran trabajo en equipo. Los compañeros también te iluminan. Siempre digo que Veronese es el Bianchi del teatro. Porque hace equipos, no jugadores", agrega María Figueras, quien compone a Sonia.
El elenco de "Espía a una mujer que se mata" se completa con Claudio Quinteros, Fernando Llosa, Silvina Sabater, Marta Lubos y Julieta Vallina.
Tal vez ese desarrollo natural que tienen los personajes chejovianos hace que sean particularmente atractivos a la hora de ser interpretados. Al finalizar uno de los preestrenos, Núñez y Figueras se abrazaron llorando de la emoción, tal vez como lo hubieran hecho Vania y Sonia. "Esa atracción por Chejov es muy del actor argentino. Como con Lorca, que es más amado por nosotros que por los españoles. Chejov escribía desde el alma. Cuando vi a Nikita Mijalkov haciendo «Pieza inconclusa para piano mecánico», a los 17 años, decidí que quería actuar así", recuerda Núñez. "Los personajes de Chejov se comprenden. Como actriz, me conmueven y los entiendo. Tienen grandes pasiones desatadas y, a la vez, reprimidas. Y uno no sabe qué hacer con todo eso que tiene. Todo eso se te vuelve en contra. Es apasionante", agrega Figueras, ya convertida en una investigadora sobre el autor.
A Veronese lo que más le atrae de los personajes chejovianos es el sinsentido, y la eterna búsqueda de la felicidad y el bienestar. "Eso está puesto como un deseo muy en la palabra. Por otro lado, una sensación seudoesperanzada de que esto se va a vivir dentro de unos años, que la gente va a ser más feliz, o quién va a hacer uso o usufructo de ese dolor. Yo vivo mi hoy con mucha felicidad y a pleno, pero en términos teatrales, me permite indagar en el espíritu humano. Esta necesidad de querer, ser querido, recordado y pasar por la vida dejando huella."
El director Marcelo Savignone tomó dos obras de Chejov: "Tío Vania" y "La gaviota" para hacer "El vuelo". A este trabajo de puro expresionismo, donde deambuló por la máscara y la contramáscara, Savignone llegó por casualidad. "Hay algo chejoviano que me atrajo y es esa sociedad que retrata, que me recuerda tanto a nuestra clase media tan golpeada y venida a menos. En el trabajo, uno trata de manifestar a través de pretextos poéticos cosas de la realidad. Me pareció que la combinación de estas dos obras podía ser muy fuerte", explica Savignone. "Chejov tiene muchos elementos de tratamiento en la actuación que se combinan con el melodrama. Como esto del paraíso perdido. Por eso, sobre todo, empecé a acercarme al autor. Me acuerdo de aburrirme mucho viendo algunas obras de Chejov, pero me divertía al leerlo. Eso me generó una gran provocación como actor." Reconoce que más de uno siempre se levanta de su butaca durante la obra. "Pero todavía no aparecieron tantos puristas. Aunque hay un común denominador. Sobre todo de mi generación, que alguna vez vio Chejov y se aburrió. El autor también tiene un gran sentido del humor y mucha línea de actuación. Por eso recibo más agradecimientos de gente que pesca los guiños chejovianos", agrega el director.
Entretanto, "Lejos de Moscú" es un trabajo que hizo Patricia Suárez sobre textos de Chejov y una idea de Alejandro Giles. Está basado en "La gaviota" y la adaptación suprimió algunos personajes y concentró el texto en el conflicto principal, que gira en torno a la creatividad y el trabajo artístico. Puesta en escena despojada, con sólo algunos elementos en un espacio no convencional y un trabajo sostenido en las relaciones, con Constanza Maral, Diego Mucci, Ana Feldman y Alejo Mango, al frente del elenco.
"Los seres humanos en nuestro andar cotidiano nos aferramos a todo aquello que vemos y tocamos siendo abordados por la angustia, que nos empuja a excavar en procura de honduras espirituales", explica el director Alejandro Giles. "Esta obra nació de mi ambición por contactar ideas grandes e idealistas sobre el futuro de la vida en este mundo, y que posiblemente permanezcan irrealizables pero hacia las que hay que tender. Nada más exacto como punto de partida de esta búsqueda que el inagotable Chejov, que habla en su trabajo de lo humano con mayúsculas."
Quien quiera ver a Vania, a Sorin, Trigorin, Iván Petrovich o Liubov tiene muchas razones y opciones para hacerlo.
Viernes y sábados, a las 21, y domingos, a las 20. Camarín de las Musas, Mario Bravo 960, 4862-0655.
Domingos, a las 16. Camarín de las Musas, Mario Bravo 960.
Viernes, a las 21.30. Belisario, Corrientes 1624, 4373-3465.
Sábados, a las 21, y domingos, a las 19.30. Corrientes Azul, Corrientes 5965, 4854-1048.
Sábados, a las 20.30. Arlequino, Alsina 1484, 4382-7775.
Domingos, a las 16. Arlequino, Alsina 1484, 4382-7775.
Sábados, a las 22.45 (a partir del 2, a las 21), en el Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín. 5555-5359.
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