El proyecto de integración y solidaridad denominado “Operación Milagro”, financiado con los excedentes del petróleo venezolano y el profesionalismo de médicos cubanos, consiste en operar gratuitamente a pacientes pobres latinoamericanos, que han esperado meses y años para darle un tratamiento a una enfermedad ocular (tales como cataratas, pterigion, ptosis palpebral). Quienes las sufren enfrentan su mayor obstáculo en el financiamiento. Es esta la razón que lleva a los afectados a ver con buenos ojos este proceso implementado en Ecuador, Perú, República Dominicana, Bolivia, Argentina, Brasil, Uruguay, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y México.

En Chile, los políticos de turno (derecha y Concertación) en complicidad con El Mercurio y el celo de la Sociedad de Oftalmólogos y el Colegio Médico, han puesto el grito en el cielo sobre la gratuidad de este Proyecto. Utilizando la maquinaria propagandística con la que cuentan, las emprenden contra esta bondadosa iniciativa recibida con esperanzas por los pobres de América Latina. Según lo manifiesta el documento que da lugar al programa, éste tiene como meta intervenir a cerca de 10 millones de personas en todo el continente en un plazo no mayor a los 3 años (ver documento en www.elciudadano.cl).

Rolando Abudaya toda su vida ha trabajado como chofer, sufre de un astigmatismo mixto (malformación de la córnea). El oftalmólogo le señaló que basta sólo una cirugía ambulatoria para terminar con el problema. Abudaya comenta, irónicamente: “en dos horas quedaría todo solucionado y quedo mirando hormigas a cuatro cuadras, pero cuesta nada más que 2 millones de pesos”... dinero que por supuesto no tiene. Cecilia Sandoval, microempresaria del rubro gastronómico en San José, sufre de diabetes. De un día para otro se le advierte una desviación en su ojo izquierdo. Concurrió a un médico particular, pues el plan Auge, que debiera atenderla, la rechaza: “me dicen que tengo altos ingresos, por eso no me dan nada” -señala. Dependiendo de su diagnóstico deberá operarse, procedimiento que le cuesta igualmente dos millones de pesos, lo que no incluye camas en el hospital, utensilios ni arsenaleras. Además, tendrá que cubrir todos los gastos del proceso postoperatorio. Mientras tanto, sólo ve con el ojo derecho.

Estos pacientes, a quienes no les preguntamos por sus opciones políticas, ven con buenos ojos la “Operación Milagro”, y emplazan a sus detractores: “sería beneficioso que ésta funcionara en Chile, para que la gente pobre y trabajadora pudiera operarse. Y si (a las autoridades y los oftalmólogos chilenos) no les gusta porque se sienten invadidos, entonces ofrezcan un plan similar, para nosotros también rechazar la solidaridad de los países hermanos”.

Según lo consigna la revista de la Sociedad de Oftalmología de Chile A.G., en diciembre del 2003, como antesala al XIX congreso de la especialidad en Valdivia, efectuaron un operativo gratuito que benefició a 3 mil personas de La Unión, Isla Huapi, Futrono, Corral y San Juan de la Costa, en Osorno. Ahí se desarrollaron 1.650 consultas oftalmológicas; 100 cirugías de catarata y 50 de pterigion; 1.350 exámenes de fondo de ojo a diabéticos y 15 tratamientos de panfotocoagulación a pacientes con retinopatía diabética, cuyo operativo redujo considerablemente las listas de espera. Por ello, hicieron una advertencia: “es urgente poner en marcha un programa de salud ocular”. Era necesario el apoyo del gobierno, pero la respuesta de éste -y del Estado chileno- puede graficarse con lo dicho por el ex senador José Antonio Viera-Gallo (PS), en aquel entonces integrante de la Comisión Salud (y hoy funcionario en AFP Provida): “el ideal sería que todos pudiéramos ir al oftalmólogo, pero Chile no tiene los recursos disponibles ni los especialistas suficientes para cubrir todas las necesidades”. Hoy que existen, nunca se ha vuelto a tratar el tema.

Si el gobierno niega las oportunidades de mejorar sus males a muchos ciudadanos en materia de salud, es lógico que la gente apoye la solidaridad de los gobiernos cubano y venezolano. Si ellos no aceptan este apoyo, significa que estamos frente a un caso de violación a los derechos humanos, pues por simple capricho o por no concordar con el sistema político de esos países, nuestro país obstaculiza el acceso a este beneficio. ¿No sería mejor que nuestros profesionales se unieran a esta cruzada y los legisladores, en vez de cuestionarlo, se dediquen a crear algún tipo de ley que permita generar una enmienda y facilite esta integración?.

La escasa sensibilidad social que tienen nuestros elegidos nos urge a pedir un cambio en la Constitución política, donde se garantice un sistema de salud que sea considerado parte de la seguridad social que debe ofrecer el Estado, antes que ésta termine de convertirse en un producto transado en las bolsas de valores. Detrás de slogans de campaña tales como “crecer con igualdad” o “estoy contigo”, hasta ahora lo único que vemos es que el sistema sigue golpeando fuerte a los más pobres y nuestros gobernantes se ven cada vez más lejos de los ciudadanos.

Allí pudieron detectar enfermedades oftalmológicas de sencilla curación que mantenían en muchos casos en la ceguera a miles de venezolanos. Un puente aéreo entre Cuba y Venezuela para intervenciones quirúrgicas podía resolver muchas de esas enfermedades gracias al importante desarrollo de la sanidad cubana. El acuerdo contemplaba la gratuidad de todo el proceso para los enfermos.

Hoy éste es un programa de cooperación que ya se desarrolla en 24 países de Latinoamérica y el Caribe. En apenas año y medio se han operado alrededor de 210.000 personas de forma gratuita.

Y mientras eso se silencia en los grandes medios de comunicación, diarios como el español El País dedica en su revista semanal cuatro páginas a color con nueve fotos también a color, al caso de un niña de Ghana -insisto, una-, que será llevada a España para ser operada de cataratas gracias a la ayuda de una fundación integrada por 900 ópticas. Por entonces Cuba acumulaba más de 70.000 venezolanos operados totalmente gratis de cataratas, estrabismo, cifra que se doblaría al finalizar el pasado año.

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