Cirugía de Ojos. Cirugia láser ocular.
Cartas al director...
Cada vez son más las mujeres que no están satisfechas con su físico, que desean cambiar algo de su cuerpo y deciden recurrir a la cirugía, dietas, gimnasia..., con objeto de mejorar la relación con el propio cuerpo. Pero, a veces, el rechazo es tan profundo, que la insatisfacción se convierte en obsesión y viven ansiosas y deprimidas por su imagen, anhelando la belleza que tienen, pero no logran ver.
La imagen que cada uno tiene de su propio cuerpo se va reconstruyendo en base a las experiencias infantiles. El entorno familiar y escolar es uno de los factores que más influye en la formación de un carácter acomplejado. La falta de apoyo o atención durante la infancia puede hacer que el niño crezca sintiéndose inferior y poco valioso.
Una educación excesivamente exigente también contribuye a que el niño construya una visión de sí mismo en función de los elogios y las críticas que recibe. Cuando sus padres o profesores se muestran demasiado exigentes y poco permisivos, el niño siente que no está a la altura y que ha de demostrar siempre su valía para ser querido; y esto se traducirá en la vida adulta en una continua insatisfacción consigo mismo.
Algunos complejos son fruto de traumas del pasado; el hecho de haber sido motivo de burla o rechazo por un determinado defecto, imaginado o real, puede dañar duramente nuestra autoestima y desembocar en una timidez extrema.
Muchos complejos nacen de un sentimiento de inferioridad que se origina al compararnos con modelos que la sociedad impone y que nosotros aceptamos como únicos aunque no se ajusten a nuestra forma de ser o vivir. Se trata de un sentimiento que nos hace vulnerables y dependientes de la aprobación de los demás, ya que anteponemos esa opinión a nuestra propia autoestima, sin tener en cuenta que cuanto más nos queremos y más a gusto nos sentimos con nuestra forma de ser, pensar y sentir, más lo trasmitimos.
Los complejos debidos a nuestro aspecto físico surgen al contemplar el propio cuerpo con disgusto y vergüenza, asumiendo los rasgos que nos desagradan como taras o defectos. La persona acomplejada por su aspecto exterior suele compararse continuamente con los demás y ansía parecerse a quienes admira por su apariencia. A ello ha contribuido el culto al cuerpo y a la moda, imponiendo sus ideales de belleza.
En primer lugar, no debemos olvidar que no hay valor menos objetivo que la belleza, ya que por ejemplo, a principios de siglo el ideal de mujer medía 1,60 centímetros y pesaba unos 63 kilos y actualmente esto parece que ha cambiado, ya que se asocia el éxito y la belleza con la delgadez extrema.
sagrada (corte de pelo, peso, aspereza de la piel...) y contemplando los rasgos que no podemos cambiar (piernas muy largas, ojos estrechos, pies grandes...) como diferencias que nos hacen únicos y especiales, y a las que podemos sacar partido. Al confiar en uno mismo (valores, aspecto...) conseguimos armonizar nuestra imagen y personalidad y comunicarlo a los demás.
A todos nos gusta que nos alaben y hagan cumplidos. Desear la aprobación de los demás no está mal, siempre y cuando no lo convirtamos en una necesidad. Contar con el apoyo de otros nos hace sentir fuertes y seguros. Sin embargo, es al necesitar esa aceptación y no conseguirla, cuando nuestros complejos e inseguridades toman mayor fuerza y nos vuelven débiles y dependientes. Se trata de actuar de acuerdo a nuestros valores y sentimientos, sin tratar de contentar a todo el mundo y sin sentirnos acomplejados por ser diferentes o tener ideas distintas.
Intenta no lamentarte en público de tus limitaciones o defectos; los demás pueden ver sólo esa parte negativa tuya. Saca a relucir lo mejor de ti, tus amigos y familiares te ayudarán a descubrir todas tus virtudes.
Haz una lista con diez aspectos de tu apariencia o personalidad que te disgustan y trata de ver qué ventajas puedes extraer de cada uno. Si trabajas en ellos los acabarás viendo como diferencias y no como defectos.
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